La educación Montessori tiene como principal objetivo ser una ayuda para la vida, no solamente un programa de instrucción, sino que a través de la función del guía y el ambiente, entregar los elementos y motivación necesarios para desarrollar en el niño un crecimiento físico, intelectual y espiritual.

El ambiente Montessori es un ambiente preparado.

María Montessori, creyó en las innovaciones del salón, esto porque todo ser vivo necesita un ambiente adecuado para el éxito de su desarrollo. Dentro de este método hay dos elementos que sirven de sostenedores, uno es el Medio ambiente, (materiales y ejercicio pedagógico), el otro, Guías que preparan el ambiente. Ambos elementos deben satisfacer las necesidades de autoconstrucción del niño, esto quiere decir que también debe contener desafíos, que le permitan ese desarrollo total. Se debe preparar un ambiente adaptado al niño activo, donde éste pueda desenvolverse libremente según sus tendencias naturales, debe poder manipular activamente el material del salón.

El ambiente debe ser completo y adecuado, un espacio ordenado en donde todo está dispuesto de tal manera que este orden externo, al niño, lo ayude con su orden interno. Esta organización, permite libertad de movimiento, al ser libre de obstáculo, es capaz de nutrir al niño con nuevas y diferentes experiencias, la belleza del entorno invita al niño a trabajar con agrado, produciendo en él, el amor a lo que lo rodea. Este ambiente preparado cumple con ciertas característica, tales como:- proporción del mobiliario con respecto del tamaño de los niños, – orden, – organización en áreas,- iluminación y amplitud,- ambiente hogareño, – belleza, que ayuda al niño a desarrollar la estética, debe atraer los sentidos del niño, -naturaleza, – materiales, éste debe ser liviano y fundamentalmente real. Además de este ambiente físico[i], se promueve un ambiente de tranquilidad y silencio, durante las horas de trabajo que invite a la armonía y ofrece una sensación de paz. Este se denomina ambiente psíquico, se refiere al aspecto afectivo de adultos y niños (guías y compañeros) quienes responderán a estas necesidades, cada uno de los niños debe verse como seres únicos e individuales. El respeto es fundamental, éste se genera hacia los demás y hacia el ambiente. Este ambiente incluye seres vivos que cuidar, (plantas y animales). El tipo de música en los salones Montessori, es una música calma y a un volumen que permite un estado de tranquilidad y concentración.

El Material Montessori es propio del método ya que es un material de desarrollo y no un material didáctico; es decir, sirve para cualquier edad y cubre las necesidades del niño. Está destinado a provocar en él, la motivación en el trabajo y proveer de experiencias de aprendizaje dependiendo de la etapa de desarrollo, éste le permite al niño tener experiencias que lo ayudarán a la resolución de problemas en la vida diaria, en Montessori no hay reglas fijas de cuales aprendizajes deban realizarse con la ayuda de algún material en un tiempo determinado, se deja libre al niño para que decida por él mismo, él sabrá hacerlo mejor que nadie, ésta libertad sustenta el principio de “expansión mental espontánea” y el “espíritu de exploración” y es correlativo a la libertad, responsabilidad, dignidad y respeto a los otros , además de la autonomía, iniciativa, cooperación y participación.

Al tener la posibilidad de nuevas y diferentes experiencias, los niños promueven con éstas, un conjunto de capacidades y desarrollan competencias, estas nuevas experiencias, se relacionan directamente con las áreas propuestas por María Montessori, dentro de un salón: sensorial, vida práctica lenguaje, matemáticas, ciencias.

El Niño

María Montessori, observó que los niños tienen actitud y disposición espontánea hacia el aprendizaje y fue lo que llamó “períodos sensibles”, que se presentan en distintas etapas del desarrollo del niño, es allí la importancia de que el ambiente preparado que se menciona anteriormente, esté directamente relacionado a la etapa de la vida por la que el niño está atravesando. La sensibilidad producida en estos periodos, permite al niño conectarse con su medio ambiente, intensamente; es por esto que le resulta fácil y lo realiza con entusiasmo. Si alguna de estas características psíquicas desciende, florecerán otras y así la infancia pasa de conquista en conquista, en una vibración vigorosa y continua, a lo que se ha llamado “el gozo de la felicidad infantil”.

María Montessori dice:

“Debemos ser educados para educar”.

Con esto debemos tomar conciencia de sí mismos y todo lo que ello implica, conocer nuestras capacidades, defectos y malas tendencias en educación y tender a la corrección de nuestro comportamiento. La compresión que logremos del “maestro interno” que cada niño posee, nos guiará en nuestro rol, así como también, conocer las leyes naturales que guían el crecimiento del niño.

Guía Montessori

El rol del guía Montessori es de observador –participante para conocer a los niños, y debe ser entrenado y estar interesado en los fenómenos que está observando así como también, comprenderlos. Debe permitir que las situaciones ocurran libremente, absteniéndose de intervenir cuando no es necesario, ya que podría intervenir o interferir en los procesos internos de cada niño. María Montessori llamaba a esta acción la “ayuda innecesaria”.

El adulto debe ser capaz de posibilitar al niño, el contacto con su medio. Debe tener una presencia que refleje calma. Son muy importantes sus gestos, sus actitudes, sus movimientos y su voz.

La relación del guía con el niño debe basarse en el respeto y confianza mutua.

Cuando lo que anteriormente se ha cumplido y ha sido trabajado, se produce lo que María Montessori llama “la normalización”.

La normalización se desarrolla de forma espontánea, creando seres independientes y autónomos, en Montessori, el ambiente favorece la autoeducación, la independencia, la capacidad de juzgar y tomar decisiones. “El ambiente psicológico y tranquilo, engendra fuerzas importantes para la maduración del niño”[1].

Podemos decir que un niño está normalizado cuando cumple con características como:

  • Amor al orden, al trabajo al silencio, profunda concentración espontánea, adhesión a la realidad, sublimación del instante posesivo, voluntad de obedecer, ayuda mutua (los niños se alegran de los logros de los demás), alegría, autodisciplina.

Bajo el enfoque Montessoriano, el “error”, juega un papel muy diferente al que conocemos usualmente. Aquí se le da un significado positivo, en beneficio del individuo. El error se convierte en un “preciado instrumento, que favorece al aprendizaje; una corrección para mejorar y no un insulto u ofensa, en su lugar”. Se puede considerar, entonces, al error como un importante factor en el desarrollo y en el aprendizaje infantil. Entregar, al niño, los medios, para que vivencie sus habilidades por sí solo en relación a su entorno y logre resolver las situaciones independientemente.

La corrección y la perfección, dependen de que el niño pueda ejercitar su voluntad durante un tiempo.

El individuo es, por esencia, una unidad. Esta unidad se debe construir y fijar por medio de las experiencias activas con el ambiente, si éste es atractivo y motivador para la actividad constructiva del niño, entonces sus

Energías se concentran y desaparecen sus desviaciones, resurgiendo un tipo de niño diferente, “un nuevo niño”, es decir una “personalidad” de niño que ha logrado construirse normalmente.

Inicialmente el niño debe encontrar el camino y los medios de concentración que establecen los fundamentos del carácter y prepara, también, la conducta social. Esta concentración proviene del interior del niño. Es en las escuelas Montessori, donde el niño encuentra la posibilidad de este tipo de trabajos para desarrollar su concentración, ayudando en la formación del carácter y la creación del individuo. El concepto de respetar y esperar al igual que la paciencia, son virtudes sociales, la cual desarrolla la inhibición de sus impulsos y se logra internalizarla, a través de la vivencia concreta. Al niño le gusta afrontar sus dificultades, este corresponde a otro ejercicio de experiencia social, si el educador intervine en la solución de problemas, provocará un trastorno en la armonía social de la clase.

“Si los niños solos lo hacen todo, ¿dónde está la vida social? Pero ¿qué es la vida social sino resolver problemas, comportarse bien y proyectar planes aceptables por todos? Se piensa que la vida social es sentarse unos junto a otros a escuchar a alguien que habla; pero eso no es vida social. Las únicas instancias sociales que viven los niños en los colegios, son principalmente, los recreos”[2].

Al observar los distintos comportamientos infantiles y sus relaciones en un clima de libertad, se descubre el verdadero misterio de la sociedad. Los niños, a diferencia de los adultos, son capaces de intuir y respetar a los otros niños, cuando están en problemas, no ayudará inútilmente, ya que el inconsciente tiene el recuerdo de su deseo y necesidad de hacerlo solo.

La envidia es otro de los sentimientos que no existe en nuestros salones, sino que, al contrario, el buen trabajo de uno provoca el goce de todo el grupo.

Todas estas virtudes, conllevan a los niños, a sentir y actuar en grupo, formando sociedades, toman conciencia de pertenencia a un grupo y contribuyen a él, trabajando y aspirando a hacerlo bien.

María Montessori, llama a este primer paso hacia la conciencia social, “espíritu de familia o tribu”.

Para los inicios del comportamiento humano, simplemente se necesita de un justo ambiente de libertad y orden.

El ambiente preparado, la función del guía, la experiencia con el material, preparan al niño para enfrentarse a la vida, desarrollando habilidades que le permitirán relacionarse con otros de forma efectiva y asertiva, son respetuosos del prójimo y de las leyes, son proactivos e ingeniosos, habilidades necesarias para enfrentar, por ejemplo, la vida universitaria son personas que corren riesgos sin temor al error ya que reconocen en éste la posibilidad de crecer y mejorar.

Los padres que escogen Educación Montessori para sus niños debieran comprometerse a conocer el proceso de desarrollo por el que están atravesando sus niños, involucrarse y ser parte activa de éste, por su parte , el colegio, pone a disposición de la comunidad esta maravillosa metodología, que será el complemento de la educación que se da en el hogar.

Como colegio queremos que nuestros alumnos se reconozcan por ser personas productivas, destacadas y comprometidas con lo que hacen, que sean profesionales conscientes y respetuosos con los demás y con su entorno, que sean libres de escoger dentro de la amplia gama de posibilidades y que esta elección los haga ser personas felices y adultos plenos, emprendedores e inventores, siempre produciendo impacto en su familia y comunidad.

 

[1] M.M.,”Mente absorbente”,pág. 283.

[1] María Montessori,Handbook by,Drem, pág. 71.