En clave Montessori

En agosto estamos celebrando el Mes de María Montessori. Así como, en la música, “las claves” son el punto de referencia que determina la evolución de una melodía; el surgimiento de la metodología Montessori fue un punto de quiebre en la pedagogía (y, en parte, la sociedad misma) reorientándola hacia una armonía distinta y apasionante.

A casi 150 años de su nacimiento, aún hoy el espíritu inquieto y cuestionador de María Montessori nos conmueve profundamente y nos anima a construir nuestra vocación educativa con la mirada puesta en el corazón del niño. Su fuerza renovadora y comprometida hizo que, enfrentando obstáculos e incomprensiones, fuera capaz de cambiar el paradigma social y educativo de su tiempo, demostrándonos que, cuando hay esfuerzo y verdadera convicción, nada es imposible.

Su vocación estuvo dedicada a potenciar el desarrollo integral de los niños, reconociendo en ellos el futuro de la humanidad ¿Qué podemos destacar de los aportes de María Montessori a lo largo de su obra? Veamos juntos los aspectos que, en esta etapa de la historia del Rayen, pueden resultarnos más significativos:

  • Ambiente preparado: en un ambiente dispuesto la semilla germina. Un ambiente libre, donde todo esté dispuesto para el ver y el hacer. La belleza y el orden son las claves para que los logros de nuestros niños se construyan con seguridad y alegría. 
  • El amor: esa energía espiritual que “nos mueve a ser”, el trampolín a partir del cual el niño podrá volar tan alto como quiera. El niño es el padre del hombre. Un niño acogido en el amor será un hombre capaz de amar y de construir la paz.
  • El adulto como guía: la autonomía en que se inspira el método no implica lejanía o inacción del adulto. El adulto es el nexo entre el niño y el ambiente, siendo un observador atento y presente, en continuo aprendizaje y desarrollo personal. Es un ser al servicio del niño, con amor, humildad y responsabilidad.

La figura de María Montessori está presente en el Rayen. Se hace tangible en cada material, ritual, hábito construido, aprendizaje y cuestionamiento. Su presencia nos anima a ser mejores, a construir este sueño educativo, siendo fieles a la riqueza que atesora cada niño y que somos encargados de descubrir en toda su plenitud.

Pero su filosofía debe trascender las paredes de nuestro colegio. Debe anidar en cada familia rayenina, haciéndonos crecer en la unidad, la comunicación y la paz que necesitamos para convertirnos en los nidos donde, desde el calor y la seguridad del hogar, nuestros hijos serán capaces de volar para cumplir su sueño de felicidad. 

Los invito a cultivar el legado de María Montessori, llenando nuestro espíritu de esa hermosa “melodía Montessori” que nos invita a crecer juntos en el saber, en el actuar y en el amar.