“El niño, la esencia de la espiritualidad”

Por Romina Paladino, Encargada de Espiritualidad.

En estos tiempos donde prevalece el correr vertiginoso y la incomunicación, la humanidad se está volviendo hacia la espiritualidad. Cuando buscamos respuestas a nuestras inquietudes del diario vivir, la palabra espiritualidad se cuela entre los diferentes remediales que la cultura nos propone. Sin embargo, por ser un concepto relacionado con lo intangible, es difícil enmarcarlo en una definición.

Una hermosa definición encierra los aspectos fundamentales que abordamos en el Rayen cuando hablamos de espiritualidad. Jean Grasso Fitzpatrick, psicoterapeuta especializada en el tema familia, afirma: “La palabra espiritual se refiere a la conciencia de la conexión sagrada con la vida entera. Nuestra espiritualidad es la apertura de uno a otro como seres humanos enteros, cada uno diferente y valioso, y nuestra exploración de cómo aprender a amar verdaderamente. Día a día, es aprender a reverenciar la tierra y sus criaturas” (“Something More”, pág. 7).

La espiritualidad sustenta nuestra existencia y la abre a la trascendencia, haciéndola ir más allá de nuestra experiencia sensorial, invitándonos a coexistir en armonía y humildad, llevándonos hacia la plenitud del ser.

Mario Montessori, hijo de María Montessori (quien fue el encargado de custodiar y expandir su obra) expresó en una conferencia: “Yo no creo que el niño tenga hambre espiritual…porque el niño ya es en sí la esencia de la espiritualidad”.  Su madre, al iniciar su labor en torno a la reflexión pedagógica, recibió a los primeros niños como tierra fecunda donde sembrar sus semillas. Sin embargo, al remover la tierra para comenzar a trabajar, descubrió que en esos pequeños marginados, pobres y tímidos se ocultaba un verdadero tesoro. 

Conscientes de eso, y teniendo como meta el desarrollo de niños felices y adultos integrales, es que en cada uno de los aspectos de la educación rayenina buscamos brindar a nuestra comunidad experiencias, espacios, y herramientas para crecer espiritualmente.

El progreso espiritual es el pilar fundamental para cualquier otro tipo de progreso: intelectual, cultural, político, económico. En el Rayen, estamos acompañando el crecimiento integral de nuestros niños y jóvenes, sabiendo que cada uno encierra un tesoro sin límites que debemos develar, apreciar y compartir. 

Reflexionando diariamente sobre los valores universales, el reconocimiento de la familia como fuente y cuna de nuestra existencia, la armonización de nuestras emociones, el asombro por el universo con sus certezas y sus enigmas, la pasión por los desafíos, la construcción incansable de la sana convivencia, vamos desarrollando nuestra espiritualidad, con la conciencia clara de que estamos llamados a cumplir nuestros sueños y ser felices.   

Según María Montessori, para que los niños de hoy que asisten a escuelas Montessori logren construir un mundo mejor, es indispensable que estén guiados por adultos (tanto padres como maestros) que vivan diariamente en un estado de conciencia espiritual. Para poder ser capaces de acompañarlos, dejémonos cautivar por la mirada inocente de nuestros niños, una mirada sin barreras ni prejuicios, abierta a esa energía cósmica que nos permite mantener viva la llama de la paz y la esperanza. 

Me despido con una reflexión de J. G. Bennet, científico experto en psicología y espiritualidad: “Al tener que tratar con los niños, ya sea como padres o maestros, (…) es mucho más provechoso para los niños lo que hagamos por ordenar nuestra propia casa que lo que tratemos de hacer para ordenar la casa del niño” (“Spiritual Hanger of the Modern Child”, pág. 84).

¡Que viva la paz en nuestros corazones, por siempre!