Cómo apoyar a los niños y adolescentes en momentos de conflicto social

Cómo apoyar a los niños y adolescentes en momentos de conflicto social

(Extraído manual de apoyo a niños y adolescentes en situaciones de crisis)

Como educadores, tratar de entender y acompañar a nuestros niños en las distintas etapas de su desarrollo es normalmente un reto, pero en situaciones de conflicto social, donde la violencia y la angustia se vuelven cotidianas, llenan las calles y se cuelan en nuestras casas,  es mucho más difícil y más importante. En estos momentos de alta conflictividad social, nuestros niños necesitan un apoyo especial.

 El ambiente se ha cargado de tensión. Los adultos estamos llenos de ansiedad debido a la violencia, la inseguridad, la escasez, la incertidumbre… la rutina diaria se ha visto interrumpida y muchas veces, nos cuesta mantener la calma. Todo esto es captado por los niños, aunque quizás no entienden qué es lo que está pasando, se dan cuenta de que algo no está bien. Los niños son como esponjas, absorben lo que sucede a su alrededor y eso les afecta.

Los niños muestran diferentes signos en momentos de estrés. Saber reconocer y entender esos signos, esas reacciones, así como entender cómo esto nos está afectando a nosotros, nos ayudará a acompañarlos  mejor a nuestros hijos en estos momentos.

De 0 a 5 años

Algunas de las reacciones típicas y normales de menores de 5 años son:

  • Se aferran a sus padres o personas que los cuidan. Quieren estar pegados a ellos. No se quieren separar.
  • Lloran, gritan o se quejan con más frecuencia.
  • Vuelven a tener a comportamientos de un niño menor (volver a hacerse pipí en la cama, chuparse de nuevo el dedo, etc.)
  • Sienten miedo a que algo malo le pase a la persona que los cuida.
  • Tienen miedo a irse a dormir, a la oscuridad, a salir de la casa.
  • Evitan el contacto con personas o situaciones que no conocen.
  • Se vuelven intranquilos, corren de un lado a otro.
  • Se portan ‘mal’, haciendo cosas que no deben, se vuelven agresivos.
  • Se vuelven muy pasivos o calladosRecrean eventos traumáticos a través del juego.

Las reacciones de los niños pequeños están fuertemente influenciadas por las reacciones de los padres (o adultos que los cuidan) ante la situación.

De 6 a 11 años. Niños y niñas en edad escolar

Los niños en edad escolar, aunque todavía no entienden bien todo lo que pasa, ya perciben y saben lo que significa una amenaza para ellos y para otras personas. A esta edad todavía les cuesta entender ideas abstractas, pero son capaces de comprender explicaciones concretas, sencillas, adaptadas a su nivel.

Ahora no sólo ven lo que les pasa a ellos y a su familia sino que se dan cuenta de lo que pasa más allá de su hogar: en el colegio, en la calle, en su barrio y en el país. Son capaces de considerar puntos de vista diferentes al suyo. Es posible que los niños en edad escolar:

  • Se vuelvan irritables o revoltosos.
  • Tengan estallidos de rabia o agresividad, inicien peleas, cuestionen la autoridad.
  • Se retraigan, se aíslen, quieran estar solos.
  • Se vuelvan reservados aún cuando estén entre amigos, familiares y maestros.
  • Les cueste concentrarse y poner atención , bajen su rendimiento,hagan mal las tareas.
  • No quieran ir al colegio.
  • Tengan problemas para dormir, tengan pesadillas o se queden dormidos durante el día.
  • Se vuelvan temerosos, tengan nuevos miedos o regresen miedos superados – miedo a la oscuridad, a los ruidos, a estar solos.
  • Se depriman
  • Se sientan culpables por las cosas que pasan.
  • Se quejen de problemas físicos, tengan dolores de estómago o de cabeza.
  • Eviten las cosas que le recuerdan lo que pasa o la situación por la que pasaron.

De 12 a 18 años . Pre adolescentes y adolescentes

Los niños y jóvenes entre 12 y 18 años de edad entienden lo que está pasando. Perciben con claridad las amenazas reales que pueden existir. El mundo de pronto se les presenta como un lugar inseguro y peligroso. Los adolescentes son unos de los más afectados, física y emocionalmente, por la violencia en el país. Su comportamiento va a variar dependiendo del nivel de madurez. Las reacciones de muchos de ellos serán como las de los adultos, mientras que las de otros serán más parecidas a las de niños más pequeños.

Los adolescentes pueden reaccionar de diversas maneras, a veces:

  • Sienten que tienen que hacer ‘algo’, quieren involucrarse en el conflicto social que les rodea, participar en lo que está pasando.
  • Pueden llegar a tomar riesgos innecesarios o tomar parte en acciones violentas.
  • Pueden sentirse indefensos, tener sentimientos de angustia, de culpa y tristeza.
  • Tienen ganas de estar solos, sienten desánimo, se deprimen y se aíslan. Pueden llegar a tener pensamientos suicidas.
  • Pueden abusar del uso del tabaco, alcohol y drogas.
  • Tienen explosiones de ira, deseos y planes de venganza.
  • Se vuelven irrespetuosos, pueden tener comportamientos antisociales.
  • Cuando han sufrido directamente o de cerca la violencia, reviven en su mente el evento traumático, les vienen escenas de lo que pasó una y otra vez (flashback).
  • Tratan de evitar sitios o situaciones que les recuerdan lo que pasó.
  • Se sobresaltan con frecuencia, tienen pesadillas u otros problemas para dormir.
  • Sufren taquicardia, tienen sensación de mareo, nauseas y vómitos.
  • Se sienten cansados, les cuesta concentrarse y realizar actividades académicas.

Recomendaciones Básicas

  • Mantener la calma. Los niños captan nuestra angustia. Mientras más tranquilos estemos con más calma responderemos a sus necesidades y ellos se sentirán más seguros.
  •  No hagas como si nada estuviera pasando ni evites hablar de eso. Los niños son inteligentes, saben que algo no anda bien y pueden preocuparse si creen que tenemos miedo de hablar sobre lo que ocurre.
  • Diles la verdad. Aclara sus dudas. Explícales la situación en forma sencilla, a su nivel, sin detalles innecesarios que puedan angustiarlos más.
  • Mantén una rutina y normas lo más normales posible.  La rutina pone orden, les da seguridad, es ‘terreno conocido’, los tranquiliza. Pero no debemos ser inflexibles.
  • Sé cariñoso, y en la medida de lo posible, mantente cerca delos niños. Nuestra presencia y el contacto físico les da seguridad, los reconforta y nos permite darnos cuentas de sus reacciones.
  • Permíteles y ayúdales a expresar lo que sienten, hablando o a través de vías no verbales como el arte o el juego. Explícales que es normal, en algunos momentos, sentirse enojados o tristes.
  • Evita que vean imágenes violentas y estén presentes en discusiones políticas acaloradas.
  • Realiza con ellos actividades positivas como juegos, cantos, dibujos, oraciones o salidas al parque si es seguro.

Combate la intolerancia, promueve la convivencia.

Es importante revisar nuestra propia agresividad, nuestro lenguaje y los comentarios que hacemos sobre la situación. Los insultos, las generalizaciones ‘todos esos xxx son unos xxx’ metiendo a todo un grupo en el mismo saco nos están haciendo daño a todos.

Debemos evitar el uso de un lenguaje que exprese descalificación, burla, humillación u ofensa. Tratemos de promover un ambiente de tolerancia y respeto a las ideas de los otros

Es necesario bajarle el tono a la discusión, ver los tonos de grises. Protejamos a nuestros niños y jóvenes  de una polarización llena de etiquetas que ha fracturado al país y roto la convivencia, de un ambiente intolerante que ha hecho un gran daño físico, social, moral y emocional a nuestras familias y nuestra sociedad. No dejemos que la violencia se meta en nuestros corazones y nos domine. La democracia se construye también desde nuestros hogares a través del diálogo, fomentando la paz y el respeto al otro y a las diferentes ideas.

Los adultos también debemos cuidarnos

Mental, emocional y espiritualmente:

  • Trata de dormir bien y tomar algunos minutos de descanso durante el día. Esto puede parecer casi imposible, pero es fundamental estar descansados.
  • Haz algún ejercicio de relajamiento y respiraciones que te calmen. La respiración es una fuente de energía. Hacer por unos minutos respiraciones lentas y profundas, centrándonos en nuestra respiración, es una herramienta de relajamiento fácil y útil para aliviar la tensión. Las respiraciones profundas le dan a nuestro cerebro el oxígeno que necesita.
  • Toma bastante líquido. La deshidratación produce dolores de cabeza.
  • Aliméntate bien, evitando grasas e incluyendo frutas y verduras. Una alimentación adecuada es la base para estar sanos y tener energía suficiente para funcionar cada día y, sobre todo, en los momentos de tensión.
  • Trata de hacer algún tipo de ejercicio. El ejercicio nos ayuda a eliminar toxinas, nos da energía, nos calma y nos ayuda a seguir adelante. Caminar rápido por 20 minutos es un buen ejercicio.
  • Evita el alcohol y el cigarro.
  • Desconectarnos, sacar tiempo para relajarnos no es un lujo, es una necesidad.
  • Revisa cómo te estás sintiendo, reconoce y acepta tus niveles de estrés, de angustia, de rabia … si reconocemos nuestros propios sentimientos y los canalizamos de una manera positiva, podremos apoyar mejor a los niños.
  • En la medida de lo posible, trata de mantener tu rutina diaria. Incluye actividades que te agraden y te llenen como leer un libro, hablar con un amigo, jugar cartas, oír música.
  • Limita y filtra la información que recibes sobre lo que está pasando. Descansa del twitter, la televisión, la radio, el internet y otros mensajes electrónicos. El exceso de información muchas  veces no nos ayuda, aumenta la incertidumbre, nos agobia y genera angustia.
  • Mantente en contacto con familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo para apoyo mutuo. Conversa sobre lo que sientes y lo que te preocupa con gente de tu confianza.
  • Conversa también sobre otras cosas que no tengan que ver con la situación social y política. No hagas de la política tu único o principal tema de conversación.
  • Promueve un ambiente de paz, diálogo y tolerancia en la casa y con los que te relaciones. Evita los mensajes de odio o violencia y el lenguaje de descalificación o burla.
  • Busca y enfócate en cosas positivas que te nutran. Lee materiales que te ayuden. Es importante continuar experimentando cosas positivas, celebra los cumpleaños, almuerza en familia y sal con tus amigos.
  • Evalúa hacer cosas creativas, como escribir o pintar, donde puedas plasmar tus emociones.
  • Haz planes y arreglos prácticos que te hagan sentir seguro, como tener los números de teléfonos de familiares, saber a quienes llamar o a donde ir si pasa algo.
  • Si eres religioso o crees en la oración reza y asiste a los servicios religiosos como forma de apoyo y búsqueda de paz interna.
  • Busca actividades que puedas realizar para ayudar a otros. Ser generoso, solidario, apoyar a otros nos hace sentirnos útiles, nos devuelve algo del control que hemos perdido y nos reconforta.

    Claudia Herrera Mason
    Psicóloga. Equipo de Formación Colegio Rayen Mahuida.